cambiar tus gafas progresivas

“Creo que ya no veo igual que antes con mis gafas, pero todavía me apaño”. Es una frase bastante habitual entre las personas que llevan varios años utilizando lentes progresivas. ¿Cómo saber si ha llegado el momento de cambiar tus gafas progresivas?

Y precisamente ese “me apaño” puede hacer que muchas personas retrasen una revisión visual durante demasiado tiempo.

Con las gafas progresivas ocurre algo curioso: cuando la visión empeora poco a poco, podemos acostumbrarnos a ese cambio sin ser plenamente conscientes de él.

Quizá necesitamos acercarnos un poco más el móvil para leer.

Quizá tardamos más en encontrar la zona de cerca.

Quizá nos cuesta algo más ver las señales cuando conducimos de noche.

O quizá terminamos el día con los ojos cansados y pensamos que es simplemente consecuencia de pasar muchas horas delante de pantallas.

Sin embargo, estos cambios pueden indicar que las gafas progresivas ya no están respondiendo de la misma manera a nuestras necesidades visuales.

Esto no significa que unas progresivas tengan una fecha de caducidad concreta. No existe una regla universal que indique que hay que cambiarlas exactamente cada dos, tres o cuatro años.

La necesidad de renovar unas gafas depende de diferentes factores: la evolución de la graduación, los cambios relacionados con la edad, el estado de las lentes, el desgaste de los tratamientos, la montura y las necesidades visuales de cada persona.

Por eso, más que preguntarnos únicamente “¿cuánto duran las gafas progresivas?”, deberíamos preguntarnos:

“¿Mis gafas siguen permitiéndome ver con comodidad y seguridad en todas las actividades que realizo?”

¿Cada cuánto tiempo conviene revisar la graduación?

No hay una frecuencia idéntica para todas las personas.

La periodicidad de las revisiones depende de la edad, la evolución de la graduación, las necesidades visuales, los antecedentes y la salud ocular, entre otros factores.

En personas que utilizan gafas progresivas, las revisiones periódicas son especialmente interesantes porque la presbicia y otros cambios visuales pueden evolucionar con el tiempo.

Además, una persona puede acostumbrarse a pequeños cambios de visión y no darse cuenta de que necesita una actualización.

Por eso, no es recomendable esperar a que las gafas dejen de servir por completo para volver a revisar la visión.

Una revisión permite comprobar si la graduación sigue siendo adecuada y detectar si existen cambios que puedan justificar una nueva solución óptica.

¿Cómo saber si necesito cambiar mis gafas progresivas?

Hay determinadas señales que pueden indicar que ha llegado el momento de revisar las gafas.

No significa que cada síntoma implique necesariamente que haya que sustituirlas, pero sí que merece la pena comprobar qué está ocurriendo.

  1. Ves borroso con unas gafas que antes funcionaban bien

Es una de las señales más evidentes.

Si con tus progresivas llevas tiempo viendo correctamente y empiezas a notar que:

  • Las letras ya no están tan definidas.
  • Las señales de tráfico se ven peor.
  • Te cuesta reconocer caras a cierta distancia.
  • Necesitas acercarte más para leer.
  • La visión parece menos nítida al final del día.

conviene realizar una revisión.

A veces el problema es una modificación de la graduación.

En otras ocasiones puede existir un problema relacionado con el estado de las lentes, el centrado, la montura o incluso con la propia salud ocular.

Por eso no conviene asumir automáticamente que “necesito unas gafas nuevas”.

Primero hay que averiguar por qué ha cambiado la calidad visual.

  1. Te cuesta más leer con tus progresivas

Esta situación es especialmente habitual.

Una persona puede empezar a notar que para leer necesita:

  • Alejar el móvil.
  • Aumentar el tamaño de la letra.
  • Buscar una posición concreta.
  • Inclinar más la cabeza.
  • Acercarse más a la luz.
  • Mantener el texto durante menos tiempo.

También puede suceder que la zona de cerca de las progresivas parezca más pequeña o difícil de encontrar.

Estos cambios pueden estar relacionados con la evolución de la presbicia y con modificaciones en la graduación.

Si antes podías leer cómodamente durante un periodo prolongado y ahora necesitas realizar cada vez más esfuerzos, es una buena razón para revisar la visión.

  1. Empiezas a tener dolores de cabeza

Los dolores de cabeza pueden tener muchas causas y no deben atribuirse automáticamente a las gafas.

Pero si aparecen asociados a determinadas tareas visuales, merece la pena comprobar la visión.

Por ejemplo:

“Cuando llevo un rato leyendo, me empieza a doler la cabeza”.

O:

“Después de varias horas trabajando con el ordenador, noto mucha presión alrededor de los ojos”.

Puede ser conveniente revisar si la graduación sigue siendo adecuada y si existe algún otro factor que esté provocando sobreesfuerzo visual.

  1. Terminas el día con los ojos mucho más cansados

La fatiga visual puede manifestarse de diferentes maneras.

Puedes notar:

  • Pesadez ocular.
  • Necesidad de cerrar los ojos.
  • Dificultad para mantener la atención.
  • Sensación de visión borrosa después de varias horas.
  • Escozor o incomodidad.
  • Necesidad de descansar la vista con más frecuencia.

En una persona que utiliza progresivas, conviene valorar si la graduación y el diseño de las lentes siguen adaptándose a sus necesidades actuales.

Especialmente si estos síntomas han aparecido recientemente y antes no estaban presentes.

  1. Necesitas mover más la cabeza para encontrar la zona de visión

Esta señal puede pasar desapercibida.

Las personas que llevan años utilizando progresivas suelen aprender de manera automática cómo utilizarlas.

Saben dónde mirar para ver de lejos.

Saben cómo orientar la cabeza para leer.

Y saben cómo encontrar la zona intermedia para trabajar.

Si con el paso del tiempo empiezas a notar que necesitas hacer movimientos cada vez mayores para encontrar una zona de visión cómoda, puede ser interesante revisar las lentes.

No necesariamente significa que el diseño haya dejado de funcionar.

Puede ser que la graduación haya cambiado, que tus necesidades sean diferentes o que la montura se haya desajustado.

  1. Te cuesta conducir, especialmente de noche

La conducción es una de las situaciones en las que una pequeña pérdida de calidad visual puede hacerse especialmente evidente.

Puedes notar:

  • Más dificultad para leer señales.
  • Mayor deslumbramiento.
  • Halos alrededor de las luces.
  • Menor nitidez.
  • Problemas para calcular distancias.
  • Necesidad de conducir más despacio.
  • Mayor cansancio después de conducir.

Si antes conducías cómodamente y ahora notas que hacerlo de noche requiere más esfuerzo, no deberías normalizarlo simplemente porque tus gafas tengan varios años.

Una revisión visual puede ayudar a determinar si el problema está relacionado con la graduación, el estado de las lentes u otros factores visuales.

  1. Las gafas están rayadas o deterioradas

A veces el problema no está en la graduación.

Las lentes también sufren desgaste.

Con el tiempo pueden aparecer:

  • Arañazos.
  • Pérdida de transparencia.
  • Deterioro de determinados tratamientos.
  • Marcas producidas por una limpieza incorrecta.
  • Alteraciones de la superficie.

Aunque una pequeña marca pueda parecer insignificante, cuando se acumulan diferentes daños puede disminuir el confort visual.

Además, determinados deterioros pueden hacerse especialmente evidentes cuando existen fuentes de luz intensa o conducción nocturna.

Por eso, durante una revisión conviene valorar también el estado físico de las lentes.

¿Los tratamientos de las lentes progresivas se desgastan?

Sí.

Los tratamientos de las lentes no son eternos.

Por ejemplo, los tratamientos antirreflejantes pueden deteriorarse con el tiempo si las lentes han sufrido un uso intenso, una limpieza inadecuada, temperaturas extremas o determinadas agresiones sobre la superficie.

Esto puede provocar que la lente presente más reflejos o que resulte más difícil mantenerla limpia.

Una lente puede seguir teniendo una graduación correcta y, sin embargo, encontrarse en un estado que ya no proporciona el mismo nivel de confort.

Por eso, renovar unas progresivas no siempre significa simplemente actualizar la graduación.

También puede significar recuperar las prestaciones ópticas y de superficie de unas lentes nuevas.

¿Las gafas progresivas tienen una fecha de caducidad?

No existe una fecha de caducidad universal.

Una persona puede llevar unas progresivas durante varios años si la graduación continúa siendo adecuada, las lentes están en buen estado y las necesidades visuales no han cambiado.

Sin embargo, tampoco deberíamos interpretar esto como que unas gafas pueden mantenerse indefinidamente.

Las necesidades visuales cambian.

La presbicia evoluciona.

La graduación puede modificarse.

La montura puede deformarse o deteriorarse.

Los tratamientos pueden perder prestaciones.

Y la tecnología de las lentes también avanza.

Por eso, la duración real de unas gafas progresivas depende de la persona y de las condiciones de uso.

¿Qué cambios visuales aparecen con la edad?

El envejecimiento natural del sistema visual puede modificar nuestras necesidades.

El ejemplo más conocido es la presbicia, que aparece cuando el cristalino pierde progresivamente capacidad para cambiar de enfoque a distancias cercanas.

Por eso, una persona que lleva progresivas puede necesitar actualizar su graduación con el paso del tiempo.

Pero la edad también puede acompañarse de otros cambios que afectan a la calidad visual.

Por ejemplo, pueden aparecer modificaciones en:

  • Sensibilidad al contraste.
  • Adaptación a diferentes niveles de iluminación.
  • Visión nocturna.
  • Sensibilidad al deslumbramiento.
  • Necesidades de iluminación para leer.

Y estos cambios pueden hacer que unas gafas que funcionaban perfectamente hace años ya no sean la solución más cómoda actualmente.

Antes veía perfectamente con estas progresivas”: ¿por qué ahora no?

Esta situación es muy frecuente.

Imaginemos a una persona de 60 años que lleva cuatro años utilizando las mismas progresivas.

Durante mucho tiempo no ha tenido ningún problema.

Pero recientemente empieza a notar que necesita más luz para leer, le cuesta más trabajar con el ordenador y por la noche se siente menos cómodo conduciendo.

La persona puede pensar:

“Las gafas todavía están bien. Seguro que es cosa de la edad”.

Puede ser, pero no debería darse por hecho.

Una revisión permitirá comprobar si existe una modificación de la graduación, si las lentes están deterioradas o si hay algún otro factor visual que explique el cambio.

El objetivo no es cambiar las gafas porque tengan una determinada edad.

El objetivo es saber si continúan siendo adecuadas para las necesidades actuales.

¿Por qué muchas personas se acostumbran a ver peor?

Porque los cambios visuales no siempre aparecen de un día para otro.

Imaginemos que la visión de cerca empeora ligeramente durante meses.

El usuario empieza a alejar el móvil.

Después aumenta un poco la letra.

Más adelante busca un lugar con mayor iluminación.

Y finalmente empieza a hacer pausas más frecuentes.

Como todos estos cambios ocurren poco a poco, la persona puede no interpretarlos como una señal de que necesita una revisión.

Simplemente piensa:

Es normal a mi edad”.

Pero acostumbrarse a una determinada calidad visual no significa que esa calidad sea la mejor que podemos conseguir.

¿Qué beneficios tiene renovar las progresivas antes de que aparezcan grandes molestias?

No siempre es necesario renovar unas gafas inmediatamente cuando aparece un pequeño cambio.

Pero detectar las modificaciones con tiempo tiene ventajas.

Una revisión permite anticiparse a situaciones como:

  • Dificultad creciente para leer.
  • Mayor fatiga visual.
  • Problemas para conducir.
  • Adaptaciones constantes de la postura.
  • Necesidad de acercarse o alejarse continuamente de los objetos.
  • Pérdida de comodidad en tareas cotidianas.

Además, cuando se actualizan las lentes antes de que las necesidades hayan cambiado mucho, la transición puede resultar más sencilla para algunas personas.

La renovación no debería plantearse únicamente cuando las gafas “ya no sirven”.

Puede plantearse cuando han dejado de ser la solución más adecuada para lo que necesitas actualmente.

La tecnología de las lentes progresivas también ha evolucionado

Otro aspecto que conviene tener en cuenta es que los diseños progresivos han evolucionado considerablemente.

Actualmente existen tecnologías que permiten trabajar con diseños más individualizados y utilizar más información para adaptar las lentes a las características de cada usuario.

Las posibilidades de personalización pueden incluir diferentes parámetros relacionados con:

  • La graduación.
  • La montura.
  • La posición de la lente.
  • Las distancias de trabajo.
  • Las necesidades visuales.
  • El comportamiento habitual del usuario.

Esto no significa que haya que cambiar unas progresivas únicamente porque haya aparecido una tecnología nueva.

Pero sí significa que una persona que lleva muchos años con las mismas lentes puede beneficiarse de conocer las soluciones disponibles actualmente cuando llegue el momento de renovarlas.

¿Cambiar las progresivas significa cambiar también la montura?

No necesariamente.

Si la montura está en buen estado, es estable y sigue siendo adecuada para el nuevo diseño, puede ser posible mantenerla.

Sin embargo, conviene comprobarlo.

Una montura puede haberse deformado con el uso.

También puede haber perdido estabilidad o haber cambiado su posición respecto al rostro.

Y cuando se utilizan progresivas, estos detalles tienen especial importancia.

Por eso, antes de reutilizar una montura antigua, es recomendable comprobar:

  • Estado general.
  • Ajuste.
  • Estabilidad.
  • Tamaño.
  • Forma.
  • Compatibilidad con el nuevo diseño.
  • Posición respecto a los ojos.

¿Qué incluye una revisión de las gafas progresivas?

Una revisión no consiste simplemente en preguntar:

“¿Ves bien?”

Es importante valorar diferentes aspectos.

Revisión de la graduación

Se comprueba si la corrección actual sigue siendo adecuada para lejos, intermedio y cerca.

Valoración de la calidad visual

No solo interesa saber si eres capaz de leer determinadas letras.

También puede ser importante valorar cómo percibes los detalles, el contraste y la visión a diferentes distancias.

Comprobación de las lentes

Se revisa el estado de la superficie, los tratamientos y posibles deterioros.

Comprobación del centrado

Las zonas de visión de las progresivas deben estar correctamente posicionadas respecto a los ojos.

Revisión de la montura

Se comprueba que la montura esté correctamente ajustada y mantenga una posición adecuada.

Valoración de las necesidades actuales

Quizá hace cuatro años utilizabas el ordenador una hora al día y ahora trabajas ocho.

Quizá antes no conducías y ahora lo haces diariamente.

Quizá has empezado a leer mucho más.

Todos estos cambios deberían tenerse en cuenta.

¿Qué pasa si necesito cambiar la graduación pero mis gafas todavía están bien?

Puede ser necesario cambiar las lentes aunque la montura esté en buen estado.

Esto permite mantener una montura que ya conocemos y nos resulta cómoda mientras actualizamos la solución óptica.

Pero siempre hay que valorar si esa montura sigue siendo apropiada para el nuevo diseño y la nueva graduación.

Por eso, no conviene decidirlo únicamente desde el punto de vista estético.

La montura forma parte de la adaptación de las lentes.

¿Qué ocurre si veo peor pero la graduación no ha cambiado?

También puede suceder.

Si la graduación se mantiene estable pero la persona percibe una pérdida de calidad visual, es necesario investigar otras posibilidades.

Puede estar relacionado con:

  • Estado de las lentes.
  • Deterioro del tratamiento antirreflejante.
  • Problemas de centrado.
  • Desajuste de la montura.
  • Fatiga visual.
  • Ojo seco.
  • Cambios en la salud ocular.
  • Alteraciones de la sensibilidad al contraste.

Por eso, una revisión visual no debería reducirse únicamente a comprobar dioptrías.

En determinados casos, si se detectan signos que requieren una valoración médica, el profesional puede recomendar acudir al oftalmólogo.

¿Y si mis progresivas todavía funcionan bien?

Entonces quizá no haya ninguna necesidad de cambiarlas.

Esta cuestión es importante.

No se trata de crear una obligación de renovar las gafas cada cierto número de años.

Si la graduación es adecuada, las lentes están en buen estado, la montura funciona correctamente y la persona ve cómodamente en sus actividades habituales, puede que no sea necesario sustituirlas en ese momento.

La revisión periódica sirve precisamente para tomar esta decisión con información, no para cambiar las gafas de manera automática.

Señales de que deberías revisar tus gafas progresivas

Como resumen, presta atención si últimamente:

  • Ves borroso con unas gafas que antes funcionaban bien.
  • Te cuesta leer.
  • Necesitas más luz.
  • Te alejas el móvil constantemente.
  • Tienes dolores de cabeza después de tareas visuales.
  • Terminas el día con mucha fatiga ocular.
  • Necesitas mover más la cabeza para encontrar el enfoque.
  • Te cuesta utilizar el ordenador.
  • Ves peor al conducir.
  • Las luces nocturnas te deslumbran más.
  • Las lentes están rayadas o deterioradas.
  • El tratamiento antirreflejante parece haber perdido calidad.
  • La montura se mueve o se ha deformado.
  • Sientes que “ya no ves como antes”.

Una sola de estas señales no significa necesariamente que necesites unas gafas nuevas.

Pero sí puede ser una buena razón para realizar una revisión.

Preguntas frecuentes sobre cuándo cambiar las gafas progresivas

¿Cada cuánto hay que cambiar las gafas progresivas?

No existe un plazo universal. Deben revisarse periódicamente y cambiarse cuando la graduación, las necesidades visuales, el estado de las lentes o la montura hagan recomendable una nueva solución.

¿Cuántos años duran unas gafas progresivas?

La duración depende del uso y del estado de las lentes y la montura. No existe una fecha de caducidad fija. Una revisión permite determinar si continúan ofreciendo un rendimiento adecuado.

¿Cómo sé si necesito cambiar la graduación?

Si notas visión borrosa, dificultad para leer, dolores de cabeza, fatiga visual o problemas al conducir, puede ser recomendable realizar una revisión para comprobar si la graduación ha cambiado.

¿Es normal que me cueste leer con unas progresivas antiguas?

Puede ocurrir si la graduación ha evolucionado o si han cambiado tus necesidades visuales. También puede existir otro motivo, por lo que conviene revisar la situación antes de asumir que simplemente necesitas acostumbrarte.

¿Las gafas progresivas se desgastan?

Las lentes pueden deteriorarse con el uso, especialmente si presentan arañazos o daños en sus tratamientos. La montura también puede deformarse o perder estabilidad.

¿El antirreflejante de las progresivas se desgasta?

Los tratamientos de superficie pueden deteriorarse con el tiempo y con un uso o mantenimiento inadecuados. Si aparecen más reflejos, dificultades para limpiar las lentes o cambios en su aspecto, conviene revisarlas.

¿Tengo que cambiar las gafas aunque todavía vea con ellas?

No necesariamente. Si continúan proporcionando una visión cómoda y adecuada y se encuentran en buen estado, puede que no sea necesario sustituirlas. Una revisión ayuda a determinarlo.

¿Por qué veo peor de noche con mis progresivas antiguas?

Puede haber diferentes causas: cambios de graduación, deterioro de las lentes, reflejos, alteraciones de la sensibilidad al contraste o cambios relacionados con la salud ocular. Si ocurre de forma persistente, conviene realizar una revisión.

¿Puedo mantener la misma montura al cambiar mis progresivas?

En algunos casos sí, siempre que la montura esté en buen estado y sea adecuada para la nueva lente y graduación. Debe comprobarlo el profesional antes de reutilizarla.

Conclusión: no esperes a ver mal para revisar tus progresivas

Las gafas progresivas no tienen una fecha de caducidad exacta.

Pero eso no significa que debamos esperar a que estén completamente deterioradas o a que ya no podamos leer para plantearnos una revisión.

La visión puede cambiar lentamente.

La presbicia evoluciona, nuestras necesidades visuales pueden modificarse y las lentes y monturas también sufren desgaste con el paso del tiempo.

Y precisamente porque esos cambios suelen producirse de manera gradual, muchas personas se acostumbran a ver peor sin darse cuenta.

Si notas que lees con más dificultad, te cansas más, necesitas mover más la cabeza, tienes problemas al conducir o simplemente sientes que tus progresivas ya no funcionan como antes, merece la pena comprobarlo.

Una revisión permite saber si el problema está en la graduación, en el estado de las lentes, en el centrado, en la montura o en algún otro aspecto de la visión.

En Óptica María Esteban, en Valencia, realizamos revisiones visuales para comprobar si tus gafas progresivas siguen adaptándose a tus necesidades actuales. Valoramos la graduación, la calidad visual, el estado de las lentes, el ajuste de la montura y las demandas visuales de tu día a día.

Si llevas tiempo con las mismas progresivas y notas que ya no ves como antes, no esperes a que las molestias vayan a más. Solicita una revisión visual en Óptica María Esteban, en Valencia, y descubre si ha llegado el momento de actualizar tus gafas.

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